En 1998, un estudiante de instituto preguntó a Warren Buffett en la junta anual de Berkshire Hathaway algo muy sencillo: ¿qué criterios usa para seleccionar sus acciones?

Su respuesta duró alrededor de un minuto, y es el minuto más útil de todo el archivo.

«El criterio para seleccionar una acción es en realidad el criterio para seleccionar un negocio. Buscamos un negocio que podamos entender… Y cuando encontramos ese negocio intentamos averiguar si su economía implica que la capacidad de generar beneficios en los próximos cinco, diez o quince años será buena y cada vez mejor, o pobre y cada vez peor… Y luego intentamos decidir si nos estamos asociando con gente con la que nos sentimos cómodos. Y después intentamos decidir cuál es el precio apropiado para lo que hemos visto hasta ese punto.»

— Warren Buffett, junta anual de Berkshire Hathaway, 1998

Léelo otra vez como una secuencia, porque el orden está haciendo un trabajo real.

Entiende el negocio. Juzga su economía. Juzga a las personas. Después decide el precio. El precio va cuarto. Ni primero, ni omitido: cuarto.

Y luego añadió la frase que explica por qué casi nadie llega a hacerlo:

«Lo que hacemos es simple, pero no necesariamente fácil.»

Fat Pitches es un intento de convertir la parte simple en rutina, para que tu atención quede libre para la parte que no es fácil. Este artículo recorre el conjunto.

El problema para el que se construyó la aplicación

Empecemos por la queja mecánica, porque es la que hizo necesario el producto.

Digamos que tienes 10.000 $ disponibles y ocho negocios que te encantaría poseer de verdad, al precio adecuado. Colocas una orden limitada de compra en reposo sobre el primero. Tu bróker reserva el efectivo. Ese dinero ya no puede respaldar a los otros siete.

Así que lo divides. 1.250 $ cada uno. Ahora cada una de tus mejores ideas es una posición demasiado pequeña como para importar.

Lo que impone un bróker

Un único capital respalda una única orden en reposo. Ocho ideas significan ocho porciones, así que la convicción queda dividida por el número de cosas que estás vigilando. Eliges amplitud o tamaño.

Lo que ocurre en realidad

Los fat pitches no llegan en lotes. Llegan de uno en uno, normalmente cuando algo sin relación ha asustado al mercado. Casi nunca necesitas los ocho a la vez.

Ese desajuste es toda la oportunidad. Una lista de seguimiento nunca se dispara entera a la vez, pero un bróker te obliga a comprometer el capital por adelantado como si fuera a hacerlo.

Por eso Fat Pitches no envía la orden por adelantado. Guarda tu intención —el ticker, el precio de disparo, el tamaño— y vigila el mercado. Tu efectivo sigue libre. Su alcance se multiplicado por cuántas ordenes latentes puedes tener en reposo a la vez. No es margen ni apalancamiento. Sencillamente se elimina una restricción artificial.

La idea clave

El efectivo reservado contra una orden que esperas que nunca se ejecute al precio de hoy es efectivo que no hace nada. Mantenerlo libre no es una forma de apostar más: es una forma de impedir que tus mejores ideas se encojan entre sí.

Pero la mecánica es el último paso, no el producto

Aquí está la parte que importa más que el motor de órdenes, y es la razón de ser de este artículo.

Si mantener efectivo disponible solo te ayuda a comprar más cosas más rápido, no es una ventaja: es una forma de perder dinero con más eficiencia. La mecánica solo merece la pena si lo que viene antes es riguroso.

Así que la aplicación está construida alrededor de la investigación, y armar la orden es el acto final. Un valor avanza por un flujo de etapas con nombre:

Screener → Investigación → Asignador de capital → Cartera → Historial de órdenes

con dos etapas terminales igual de importantes: Demasiado difícil y Descartado. Enseguida volvemos a ellas: poder matar formalmente una idea es una funcionalidad.

Dentro de la etapa de Investigación, cada idea se lee a través de siete pasos, en un orden fijo.

  1. Riesgo de negocio

    ¿Qué podría matar a esta empresa, sea cual sea el precio? Aquí afloran el lenguaje de riesgo de los informes y las evasivas en las llamadas de resultados.

    eliminar, no descontar
  2. Calidad

    ¿Es el negocio lo bastante duradero como para poseerlo? Un compuesto intersectorial de rentabilidad, solidez e integridad de los beneficios.

    QMJ 0–100
  3. Piel en el juego

    ¿Son los incentivos de la dirección los tuyos? Acciones poseídas frente a retribución cobrada, y cuánta de esa retribución está realmente en riesgo.

    CEO Alignment 0–100
  4. Riesgo de precio

    ¿Cuánto vale y hasta dónde puede caer? Un DCF en escenarios bajista/base/alcista, y suelos de valor para saber dónde podría asentarse el precio si te equivocas.

    caída hasta el suelo
  5. Precio de entrada

    El precio que vas a pagar de verdad, y el margen que te deja para equivocarte.

    margen de seguridad
  6. Convicción

    Tu confianza razonada, escrita y puntuada contra una lista de siete preguntas que tú controlas.

    Conviction Score 1–10
  7. Tamaño

    Cuánto de la cartera se lleva este valor. El único paso que sobrevive a haberte equivocado en todos los demás.

    % de la cartera

Los pasos uno a tres van sobre el negocio y sobre quienes lo dirigen. Los pasos cuatro y cinco van sobre el precio. El paso seis es donde escribes qué crees y por qué. El paso siete es lo que ocurre si te equivocas.

Por qué ese orden y no otro

El orden está tomado de Howard Marks, y descansa sobre una distinción que la mayoría de los inversores difumina: hay dos clases de riesgo, y exigen respuestas opuestas.

Riesgo de negocio

Inherente a la empresa. Una ventaja que ya no es competitiva, una dirección errática, un regulador, un cliente que desaparece. No tiene nada que ver con lo que pagaste, y no puedes compensarlo con un descuento. La única respuesta sensata es pasar.

Riesgo de precio

Lo crea enteramente lo que pagas. Ningún activo es tan bueno que no pueda encarecerse en exceso; ninguno tan malo que no pueda ser atractivo si es barato. Se gestiona con descuento y, después, con el tamaño de la posición.

Por eso el riesgo de negocio se filtra primero, antes de cualquier trabajo de valoración. Y por eso el riesgo de precio se sitúa deliberadamente cuarto: un suelo de valor es en sí mismo un precio, así que no puede juzgarse antes de tener una opinión sobre cuánto vale el negocio.

Buffett expresó la misma idea de forma más contundente en 1998, cuando un estudiante de Wharton le preguntó cómo ajusta las tasas de descuento para flujos de caja más arriesgados:

«Miramos el riesgo, esencialmente, como una especie de válvula de sí/no… si creemos que sencillamente no sabemos qué va a pasar en el futuro… En ese caso, simplemente lo dejamos. No intentamos predecir esas cosas. Y no decimos: “Bueno, no sabemos qué va a pasar, así que lo descontaremos al 9 % en lugar de al 7 %”, un número que ni siquiera conocemos. Esa no es nuestra forma de abordarlo.»

— Warren Buffett, junta anual de Berkshire Hathaway, 4 de mayo de 1998 (ver desde 2:02:15)

Una decisión binaria, si o no. No una respuesta abierta con maticesl. Es exactamente por esto que Demasiado difícil es una etapa terminal en la aplicación y no una puntuación baja: la tercera cesta de Munger convertida en un botón que puedes pulsar de verdad. Dejar pasar algo que no puedes evaluar es una decisión completa, y se registra como tal.

Profundizamos en esta distinción en riesgo de negocio frente a riesgo de precio: es la única idea de la que pende el resto del panel.

La máquina puntúa. Tú decides.

Dos números están en el centro de una idea, y mantenerlos separados es importante.

QMJ (Quality Minus Junk, calidad menos basura) lo calcula la máquina, de 0 a 100. Normaliza cinco métricas —retorno sobre el capital invertido, rentabilidad bruta, deuda neta sobre EBITDA, devengos y estabilidad del flujo de caja libre— contra los comparables del sector cuando existe un grupo de comparables. Por debajo de 50 es débil, de 50 a 75 sólido, por encima de 75 excepcional. Dice cómo de fuerte es el negocio. No dice absolutamente nada sobre si el precio es correcto. Qué significa aquí «calidad» tiene su propio artículo: qué hace que un negocio sea de alta calidad.

Conviction Score es tuyo, de 1 a 10, construido a partir de una lista ponderada de siete preguntas que puedes editar en ajustes. Inteligibilidad del negocio, anchura y trayectoria del foso, un test de estrés por inversión, calidad del capital, dependencias regulatorias, confianza en la dirección y percepción divergente. Los pesos deben sumar 1,0, y la lista está limitada por diseño a siete: una pregunta nueva tiene que sustituir a otra, nunca añadirse. Ese tope es deliberado: una lista a la que sigues añadiendo es una lista que dejas de responder con honestidad.

Entre ambos está CEO Alignment, de 0 a 100, que calcula la máquina pero mide algo que los otros dos no miden: si quienes dirigen el negocio pierden dinero cuando tú lo pierdes. La mitad es piel en el juego —el valor de las acciones del consejero delegado frente a su retribución anual— y la otra mitad es disciplina retributiva. El enfoque del propio Buffett sobre esto es más afilado que la indignación habitual con el nivel de los sueldos, y tiene su propio artículo en el número no es el problema.

La séptima pregunta es la interesante, y es donde la aplicación se niega a ayudarte.

La percepción divergente te pide nombrar la diferencia: el mercado cree X, yo creo Y, mi ventaja es Z. La aplicación te dará encantada la primera mitad —la narrativa de consenso es la misma para todo inversor, así que no hay ninguna ventaja en montarla tú—. Pero la discrepancia tiene que escribirla un humano, y solo esa pregunta no lleva ningún prompt de IA asociado, a propósito. El razonamiento es contundente: un modelo entrenado con texto público es el consenso. Pedirle que te diga dónde se equivoca el consenso es pedirle que discrepe de sí mismo.

La idea clave

Si no sabes enunciar en qué te diferencias del mercado, no tienes una ventaja. Tienes consenso, a un precio.

Hay una segunda razón por la que los dos marcadores permanecen separados. Una versión anterior de esa séptima pregunta era una «auditoría de sesgos»: te pedía puntuar tu propia objetividad en el mismo eje ponderado que el negocio. Se eliminó en cuanto el fallo se hizo evidente: una autoauditoría rigurosa bajaba la puntuación de una acción y el autoengaño la subía, lo cual es exactamente lo contrario de lo que debe hacer un número usado para ordenar tickers. Las preguntas uno a seis miden el negocio. La séptima también debe hacerlo.

La honestidad como restricción de diseño

Esta es la parte que yo querría conocer antes de confiar una orden real al software de nadie.

Una estimación puntual solo es honesta cuando la ha elegido un humano. Donde te has comprometido —has fijado un suelo de valor, has fijado un valor intrínseco— la cifra que se muestra es tu número, con tu precisión. Donde la aplicación simplemente lo ha inferido, obtienes el rango que abarca realmente esa inferencia, y lo dice. Si cinco suelos de valor discrepan, la lectura te dice en cuánto discrepan y te invita a fijar uno, en lugar de promediarlos calladamente en un único número falso.

El DCF puede negarse. Si la rentabilidad de los beneficios del propietario de una empresa sale inverosímilmente alta —por encima del 25 %, lo que normalmente significa que la base de flujo de caja está contaminada, y no que hayas encontrado un milagro—, el modelo no devuelve ningún valor intrínseco ni ningún margen de seguridad. Sería trivial emitir un número igualmente. Ese número encabezaría el screener y podría acabar detrás de una orden de compra real, que es precisamente el argumento para negarse.

Algunos veredictos son bandas, no puntuaciones. La disciplina en las recompras es un buen ejemplo. La objeción de Munger a las recompras nunca fue que sean malas, sino que su valor depende enteramente del precio pagado. Retirar acciones a 8 veces beneficios crea valor para los propietarios que se quedan; hacer lo mismo a 30 veces lo destruye. Así que la aplicación representa cada año de recompras frente al múltiplo al que ocurrió realmente, y devuelve una banda —propietario, momentum, neutral, insuficiente— en lugar de una puntuación de 0 a 100, porque el juicio se apoya en bastante menos de una docena de ejercicios y una puntuación implicaría una precisión que la muestra no puede sostener.

Nada consultivo te bloquea nunca. Las lecturas por IA del lenguaje de riesgo del 10-K y de las evasivas en las llamadas de resultados se marcan como consultivas. Te hacen mirar antes de saltar. No vetan.

El tamaño va al final, a propósito

El paso siete es la recompensa, y va el último por una razón concreta: el tamaño es la única decisión de todas estas que sobrevive a haberte equivocado en el resto.

La regla es un mínimo entre dos techos; gana el más restrictivo:

peso = min( techo de Kelly , presupuesto de riesgo ÷ caída hasta el suelo )

El techo del presupuesto de riesgo plantea una pregunta basada en evidencia: si esto cae hasta su suelo, ¿qué parte de la cartera entera se pierde de forma permanente? El presupuesto por defecto es el 3 %. Si un valor puede caer un 30 % hasta su suelo, 3 ÷ 30 lo limita al 10 % de la cartera. Puedes hacer esta cuenta con cualquier acción cubierta en la calculadora de tamaño de posición para acciones gratuita.

Fíjate en que el presupuesto es una porción de la cartera, no de la posición, porque tiene que agregarse. Diez valores que arriesguen cada uno un 3 % de la cartera pueden deteriorar el 30 % de ella en una única revalorización correlacionada, y una revalorización correlacionada es exactamente cuando los suelos se ponen a prueba a la vez.

El techo de Kelly descansa sobre una ventaja estimada, y para la renta variable esa estimación arrastra un error enorme. Así que se reduce con fuerza. Apostar de más se castiga de forma asimétrica: el doble de Kelly crece a cero, mientras que la mitad de Kelly conserva aproximadamente tres cuartas partes del crecimiento con una fracción de la varianza. Peca por defecto.

Los dos cubren el punto ciego del otro. Y la aritmética que hay debajo es implacable de una forma que conviene interiorizar:

PérdidaGanancia necesaria para recuperar
20 %+25 %
30 %+43 %
50 %+100 %

Una advertencia más que lleva la interfaz y que repito aquí: un suelo es un modelo, no un límite. La caja neta puede estar comprometida. Un múltiplo de mínimos es una mediana de ciclos pasados, no una cola. Todo esto es pérdida permanente modelada, nunca una garantía. El argumento completo está en cuánto apostar.

Contrastarte con tu propio historial

Una vez que posees acciones, la aplicación deja de ir sobre análisis y empieza a ir sobre comportamiento.

La Calibración de Cartera lee tu libro como una muestra estadística de decisiones pasadas y no como un conjunto de historias. Cada panel apunta a un sesgo concreto:

  • El porcentaje de aciertos contra el olvido de la tasa base,
  • El ganador medio frente al perdedor medio contra la teoría prospectiva,
  • Tu mayor lastre expuesto explícitamente — contra la tentación de mirar hacia otro lado
  • Un panel de calibración de convicción que responde a una pregunta incómoda: si tus valores de alta convicción no lo están haciendo mejor que los especulativos, tu puntuación no está calibrada y deberías fiarte menos de ella.

Y hay una métrica diseñada deliberadamente como anti-KPI: la Paciencia, el número de días desde tu última operación. No está ahí para empujarte a actuar. Está ahí para hacer visible y legible el quedarse quieto, que es lo contrario de lo que hace cualquier otra interfaz de trading. Esa idea tiene su propio artículo en la trampa de predecir el mercado.

En qué punto está esto hoy

Sin rodeos, porque sería fácil difuminarlo:

  • La app de investigación está viva y es gratuita: screener, los siete pasos, QMJ, DCF y suelos de valor, el diario de convicción, la calibración, el clima de mercado, el glosario.
  • La conexión con el bróker está construida pero no activada., puedes pedir acceso a la Beta privada. Puedes construir tesis y seguir valores en una cartera virtual, y todo lo que configures ahora se conserva en el futuro.

Todo, en cinco líneas

  • El riesgo de negocio es una filtro binario sí/no. No puedes salir de él descontando, así que fíltra primero.
  • La calidad te dice si es atractivo. El precio te dice si comprarlo. Nunca dejes que uno responda por el otro.
  • Una máquina puede puntuar un negocio. Solo tú puedes decir dónde se equivoca el mercado.
  • El tamaño de la posición es la única decisión que sobrevive a haberte equivocado en todo lo demás.
  • Esperar no es inactividad. Es el juego.

La lista de comprobación de Buffett lleva décadas siendo pública, que es justo por lo que merece tomársela en serio: nadie la esconde, y casi nadie la aplica.

Simple, pero no necesariamente fácil.